vie
03
jul
2009
Para empezar a responder por algún lado, señalaré que la noción que se pueda tener, por aproximada que sea, de que el yo en Lacan es un objeto imaginario en el que el sujeto se aliena y cumple para
el mismo función de desconocimiento, que el superyó es una voz que ordena go¬zar, y el ello lo que puede ser reducido a una gramática, deben bastar para comprender que estos términos no podrían tener
con los que en Freud fijan su referencia en presuntas "instancias de la personalidad psíquica" otra relación que de homonimia. Lo mismo se puede decir para el inconsciente, en Freud un aspecto o
parte de una "realidad psí¬quica" de la que Lacan prescinde en su nudo interpretándola como "religiosa". Para Lacan el inconsciente es ante todo discurso y no ins¬tancia de ninguna tópica en
definitiva esférica, y discurso del Otro, ge¬nitivo objetivo, y que tiene su destinatario en el analista - es decir una exterioridad en modo alguno complementaria de ninguna interio¬ridad. Añado que
el inconciente, concepto y no sustancia ni realidad "metapsicológica", es concepto forjado sobre la huella de lo que opera para constituir al sujeto (noción ausente en Freud cuya teoría de la
re¬presentación no podía hacerle lugar) en tanto efecto del lenguaje. Las consecuencias clínicas se deducen inmediatamente de una breve y ta¬jante precisión de Lacan en su Seminario De un Otro al
otro: no hay teoría del inconciente como tal, hay teoría de la práctica analítica.