sáb
18
jul
2009
Hanna Arendt, en su libro ‘The human condition' (1958), da pautas para hablar acerca de cómo ese ‘modo de ser propio' se construye en actos. En el capítulo 5 titulado ‘Acción' define ‘ese modo de ser propio' de la siguiente manera: toda la vida orgánica muestra distinciones, pero solo el hombre puede expresar esta distinción y distinguirse. Sólo él puede comunicar su propio yo y no simplemente sed, hambre, afecto, hostilidad o temor. Mediante el discurso y la acción los seres humanos se diferencian. Palabras más, palabras menos, Arendt lo dice así: Con palabra y acto nos insertamos en el mundo humano y esta inserción es estimulada por la presencia de otros cuya compañía deseemos. Pero su impulso no surge de los otros, sino del ‘comienzo', pues por el solo hecho de nacer, respondemos comenzando algo nuevo por nuestra propia iniciativa. Con cada nacimiento, algo singularmente nuevo entra en el mundo, porque nadie estuvo allí en su lugar antes que él. Quizá siguiendo estas ideas, Butler se deja guiar por la generación de su hijo para decidir su voto a favor de Obama, como cuenta en una entrevista publicada en Página/12 (2009). Continúa Arendt: El hecho de que el hombre sea capaz de acción significa que cabe esperarse de él lo inesperado, que es capaz de realizar lo que es infinitamente improbable. Por eso el humano es singular, porque hace y dice cosas inéditas e irrepetibles.
Mediante la acción y el discurso, los hombres muestran quienes son. Arendt diría que el descubrimiento de ‘quien' es alguien está implícito en lo que dice y hace, y es más que probable que ese ‘quien', que se presenta tan claro e inconfundible a los demás, permanezca oculto para la propia persona, como el daimón...". Agregando que los otros, los demás, en el momento en que quieren decir quien es alguien, su vocabulario los induce a decir ‘qué' es y se enredan en describir cualidades que ese comparte con otros como él, con el resultado de que su específica unicidad se les escapa. Esta imposibilidad de solidificar en palabras la esencia viva de la persona, tal como se muestra en la fusión de acción y discurso, se debe a que la manifestación del ‘quien' acaece del mismo modo que las manifestaciones de los antiguos oráculos que ni revelan ni ocultan con palabras, sino que dan signos manifiestos.
Es justo porque uno no puede verse a sí mismo en su acto y discurso sino a través de otros, y es también porque uno sólo muestra a otros con signos ‘quien' es, que esta cualidad reveladora del discurso y de la acción sólo es posible cuando las personas están unas con otras en pura contigüidad humana (no a favor o en contra); cuando están en ‘la esfera pública':
La acción y el discurso se dan entre los hombres, ya que a ellos se dirigen. Los intereses humanos que se encuentran ‘en medio' de las personas, las relacionan y unen. Pero también existe otro ‘en medio' formado por hechos y palabras originadas porque los hombres actúan y hablan para otros. Y aunque hablar y actuar no siempre dan por resultado productos físicos, tal resultado no es menos real que el mundo de las cosas, es más bien una realidad llamada ‘la trama de las relaciones humanas', que existe dondequiera que los hombres viven, actúan y hablan juntos. La esfera de los asuntos humanos, la esfera pública, está formada por esa trama.
Después de argumentar por qué la acción y el discurso necesitan la presencia de otros, dice que los actos y discursos del recién llegado van constituyendo la única historia de su vida, la cual está formada de sus consecuentes hechos y sufrimientos. Los actos que él hace traen otros actos por consecuencia, o como decía Austin: decir y hacer algo produce consecuencias sobre los sentimientos, pensamientos o acciones del auditorio, del enunciador o de otros. Arendt advierte que dichas consecuencias son ilimitadas, debido a que la acción actúa en un medio donde toda reacción se convierte en una reacción en cadena y donde todo proceso es causa de nuevos procesos. Puesto que la acción actúa sobre seres que son capaces de sus propias acciones, la reacción, aparte de ser una respuesta, siempre es una nueva acción que toma su propia resolución y afecta a los demás. Es justamente este efecto perlocutivo del discurso y el acto en los otros, lo que mantiene en movimiento esa ‘esfera de los asuntos humanos' y permite que se tejan historias en la trama de los asuntos humanos. Es por eso que el discurso es la realización de la condición humana de vivir como ser distinto y único entre iguales.
Quizá Arendt no consideró que la acción no es solo iniciativa consiente, dejando de lado, por ejemplo, el acto fallido. Quizá tampoco habló de cómo esa acción tiene su chispa en el deseo y da lugar a lo singular. Sin embargo, el psicoanálisis puede aprender de ella que el discurso y la acción hablan de una singularidad y que ambos están en la superficie de la trama de las relaciones sociales, una idea muy similar a la de Lacan cuando dice que lo inconsciente está en la superficie de lo que se dice y hace en análisis. También Arendt brinda una visión del lazo que se da entre lo colectivo y lo singular parecida al planteamiento psicoanalítico que los enlaza en una banda de moebius, cuando dice: "si los hombres no fueran iguales, no podrían entenderse ni planear y prever para el futuro las necesidades de los que llegarán después. Si los hombres no fueran distintos, es decir, cada ser diferenciado de cualquier otro que exista, haya existido o existirá, no necesitarían el discurso ni la acción para entenderse".
Llegados al final, la pregunta se sostiene ¿puede construirse un psicoanálisis lacaniano en castellano? ¿puede construirse un modo de estar entre los humanos como humano, sin una identidad fijada? Después de haber leído a Arendt es más evidente que la respuesta sea sí, siempre y cuando ese ‘modo de ser propio' se construya en los ‘actos perlocutivos' que se dan en la esfera pública. Pero ¿es esto posible en este estado de ánimo biopolìtico en que vivimos, en que se aprovecha, por ejemplo, la gripe porcina para hacer que los humanos guarden distancia los unos de los otros en la esfera... ¿aún pública?
Referencias consultadas
Arendt, H. (1958). La condición humana. España: Paidos, 2005.
Austin, J.L. (1962). Cómo hacer cosas con palabras. España: Paidos, 1990.
Butler, J. (2009) Silvina Friera entrevista a Judith Butler. Página /12. Mayo 2009. Consultado en: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/2-13722-2009-05-02.html