sáb
18
jul
2009
Lacan sitúa lo traumático como un encuentro (tujé)... con un lugar agujereado de la estructura. Esta referencia a la estructura resitúa en su perspectiva todo lo que se pueda decir de la singular temporalidad del mismo.
A mi modo de ver la invención del objeto a no centra la teoría en el eje del goce (primero que nada, aporta una consistencia a un Otro que de otro modo se disolvería en el "océano de las historias" que el sujeto se cuenta en el análisis). Por otra parte, por lo que dije en el primer pá¬rrafo, no hay "divisoria de aguas" entre el inconsciente freudiano y el lacaniano, sino una inconmensurabilidad que encuentra su debate (es decir, también su diálogo) en una práctica analítica en la que dada su índole también están incluidos los textos del fundador.
Lo que he subrayado de la noción lacaniana del inconsciente debía ter¬minar imparablemente en la fórmula que Lacan encuentra en unas jor¬nadas de 1978, cuando "recordó" (no se trataba en verdad de recordar, sino de "reescribir la historia", como dijo alguna vez en su Seminario sobre Los escritos técnicos de Freud) que había definido al incons¬ciente como el sujeto supuesto saber. Dicho de otro modo, su concep¬ción del inconciente como discurso dirigido al analista, por lo tanto li¬gado esencialmente a la experiencia del análisis, lo llevaba a identifi¬carlo a la transferencia o reducirlo a poco más que la transferencia. Mi hipótesis del momento al respecto, no es que l'une-bévue "acentúa el saber en falla, ahí donde hay impacto de goce", fórmula que se acerca muchísimo a lo que dije de lo traumático en el segundo párrafo y que no necesitaba llegar al Seminario 24 para darse; estoy leyendo el Se¬minario L'insu que sait de l'une-bévue s'aile à mourre con una pre¬gunta acerca de si Lacan, en parte a contrapelo de su desarrollo ante¬rior, no estaba investigando lo que podía haber no obstante de un in¬consciente no transferencial (su afirmación en ese Seminario de que el inconsciente es que uno habla solo parece ir en ese sentido). Pero no conviene dar por adquirido lo que todavía requiere mucho estudio y reflexión y puesta a prueba en la práctica. El tiempo de las consignas y las jergas de capillita no ha cesado del todo, pero ya nos tiene a todos un poco podridos.
El Comité de Redacción de los Cuadernos Sigmund Freud, integrado por quienes son mis amigos, tendrá la amabilidad de tolerar el estilo categórico de mis juicios (en verdad son hipotéticos cuando no dis¬yuntivos, cf. Kant) y por demás escuetos. Sustituyen de mala manera, pero la única a mi alcance por el momento, los largos desarrollos que me demandaría interrogar, y cuestionar, los supuestos doctrinales des¬de los cuales, creo entender, han sido formuladas las preguntas del cuestionario. Mi riesgo, que en el apuro haya dicho lo que no preten¬día decir (no estoy hablando de lapsus). Quiero decir, sin tirar por la borda el "soy freudiano" de Lacan en Caracas, que merece ser funda¬do mejor que en la amalgama freudolacaniana todavía vigente en mu¬chos discursos, todavía queda mucho por decir del "Freud no era laca¬niano" del Seminario R.S.I.
La tensión a mantener entre esas dos afirmaciones hace a la ética del discurso de una Escuela que se dice continuadora de la enseñanza de Lacan