UniverCitá abierta al sabor del saber del psicoanálisis coordinación:Alberto Sladogna-Claudia Weiner

mié

25

nov

2009

Declaración Liminar. Jean Allouch

Ciertamente, el reparto es un poco embrollado por el hecho de que ustedes son numerosos y de que no veo demasiado lo que podría querer decir dirigirse simultáneamente a la libertad de tantas personas, ni tampoco de un público. Es más bien a la libertad de cada uno a la que intento dirigirme, lo que, siendo la situación presente lo que es, a saber esta sala, este dispositivo de seminario, no es muy evidente que digamos. Esto no es una razón para renunciar, al menos así me parece.

Y, muy particularmente, renunciar a dirigirme a vuestra libertad respecto de Jacques Lacan (de sus concepciones en el análisis, pero indisociables de su nombre). Pues, ¿no es cierto?, hay sin duda aquí mismo algunos lacanianos, en la fila de los cuales no me cuento, si "lacaniano" quiere decir "ser lacaniano", dicho de otro modo, marca, si no delimita mi ser como tal. Ninguna duda de que Jacques Lacan esperaba que sus alumnos fueran libres respecto a él; así él lo señalaba, por ejemplo subrayando que es citándolo que se podría dar un paso más allá de su propio recorrido - lo que implica que no es libre, respecto de él, cualquiera que haya decidido escarbar simplemente en su obra, tomando y dejando de la misma. Lo señalaba aún, zanjando a menudo, durante las reuniones de la École Freudienne de Paris, un conflicto entre sus alumnos en favor del que se mostraba más inventivo, incluso heterodoxo, mientras que la otra parte se contentaba con reproducir sus palabras, así fuese fielmente. Y podemos también preguntarnos si, en los años sesenta, su acogida generosa de jóvenes normalistas, a riesgo de disgustar a los "clínicos" acorazados por su pretendida "experiencia", no era debido a que encontraba en ellos una libertad respecto a él, apenas presente en sus alumnos patentados. Algunos de estos últimos, se sabe, lo abandonaron. ¿Este gesto los desprendió de su dependencia? Nada es menos seguro. Así la noción de un "analista cuarto", un absurdo sobre el cual se fundó un grupo de analistas todavía activo hoy, no tiene sentido más que reactivo respecto de la "Proposición de octubre de 1967 sobre el analista de la escuela".

Dirigirse a la libertad de un prójimo no es un asunto menor, en tanto que no está adquirido, lejos de ahí, que el prójimo quiera su libertad o, para decirlo mejor y de manera pleonásmica, su "exceso de libertad" (fórmula de Philippe Sollers concerniente a Lacan). Falta allí lo que Foucault denomina "coraje", del que Freud no carecía. Ustedes saben, a propósito de esto, que uno de los casos más paradigmáticos de toma de libertad y de dirección a la libertad del prójimo, es y sigue siendo, y muy justamente, aquel de Sigmund Freud publicando en 1939 su Moisés y el monoteísmo. Ninguna duda de que él se dirigía si no a la libertad de su pueblo (al cual, cuando se lo preguntaban, confirmaba gustosamente pertenecer), al menos a la de sus lectores judíos. A juzgar por la historia, en especial -pero no sólo- del persistente conflicto israelí-palestino, parece claro, setenta años después, que a esta libertad no se la quiso.

A fin de esclarecer la suerte de libertad de la que se trata, no iré a buscar del lado de la llamada servidumbre voluntaria, esto tanto menos cuanto que nada asegura que la libertad de la que hablo tenga por antónimo la servidumbre. Un slogan anarquista proclamaba "La libertad o la muerte", pero, no más que Lacan, no adhiero a esta regla de vida. La libertad que aquí convoco sería más bien la que toma su vuelo de la muerte, de la primera y la segunda. Se sigue de ello que de mi (de vuestra) relación con la muerte depende la puesta en obra de mi (de vuestra) libertad. Ustedes piensan sin duda entonces en Hegel, en el riesgo de muerte asumido por el amo, pero ahí tanpoco es de eso de lo que se trata, no se trata de la libertad del amo, el cual por otra parte, no es lo que se podría llamar "libre". En Francia, se puede leer, sobre muchos edificios públicos, la divisa: "Libertad, igualdad, fraternidad". ¿Pero quién podría querer regularse según una libertad concedida, que además está concedida por un Estado? O más aun ¿quién querría esa libertad entre los muros de una prisión que hizo las delicias del existencialismo? No, para hacerles entender el tipo de libertad a la cual me dirijo al estar aquí, hablándoles, me remito a más pertinentes referencias, particularmente Jacques Lacan, pero no solamente él (he mencionado a Freud, lo que no impide ir a dejarse enseñar por otros casos y del lado, entre otros, de la literatura, donde abundan: Sade, Flaubert, Nabokov, para no mencionar aquí más que algunas obras que han dado lugar a juicios).

Si no es a la servidumbre, tampoco es a la ausencia de un riesgo asumido, ni a la muerte, ¿a qué por lo tanto se opone la libertad de la que habla Lacan en un momento singularmente marcado de su vida, el del deceso de su padre, de un padre amado, amado y pifiado, amado con un amor pifiado, al decir mismo de este hijo? Esta libertad tiene por antónimo - y ahí quizá ustedes no van a creer lo que oyen - el respeto del prójimo; o más bien cierto respeto que yo dirijo al prójimo, más exactamente todavía el respeto, y muy justamente, de la "libertad" del prójimo, o más bien de lo que se llama así (por eso las comillas) y que no es nada más que dejar al prójimo enredarse en sus asuntos. Muy evidentemente, tal "respeto" del prójimo (aquí también se imponen las comillas), si debiera ser ley, excluiría hasta la posibilidad del ejercicio analítico.

Hay por lo tanto, en nombre mismo del (seudo-)respeto de la (pretendida) libertad del prójimo, en la relación con él, lo que Lacan llama una "detención", un poco como (pero no más que "como") un perro de caza, bien domesticado, tras haber localizado la presa que acaba de ser abatida, se detiene, espera la orden de su amo para tomar esa presa en sus fauces y llevarla a su amo sin devorarla: el aprendió a "respetar" la presa. Su erótica no está tan alejada de la del sujeto moderno en Occidente quien, antes de todo gesto libidinal hacia su partenaire, en adelante se le solicita que le pregunte: "¿Consientes?" Lacan se pregunta: ¿por qué razón tal detención? Respuesta: porque hago de ese prójimo un semejante, en el sentido de un parecido; porque, precisaré, tomado en tanto que yo mismo, no quiero hacerle lo que creo no querer que me hagan. Dejo al prójimo desenredarse solo en sus asuntos pues creo atenerme a que se me deje desenredarme solo en los míos. Muy evidentemente, cualquiera que se comprometa en un análisis ha renunciado a esto.

Lacan califica esta posición. La llama una "indiferencia al prójimo" (la muerte de su padre le hizo descubrir su indiferencia respecto de este padre), o incluso una "libertad de indiferencia" (Ecrits, p. 359). En esta indiferencia, renuncio a mi libertad en el mismo movimiento en el que descuido la libertad del prójimo. Lacan habla a este respecto no solamente de un fracaso sino de una "falta" {«faute»} (en francés el término significa a la vez falta , carencia {manque} y culpa, pecado {péché}; está pesadamente cargado y ninguna duda (los términos que usa lo testimonian) que es un maestro espiritual quien habla así a los que asisten a su seminario ese 30 de noviembre de 1960.

En mi conocimiento al menos, ningún coloquio de ningún grupo analítico puso jamás en discusión esta libertad, indisociablemente la mía y la del prójimo, la seudo, hecha de indiferencia, y la efectiva. ¿Cómo, para retomar todavía otro término de Lacan, no "defeccionar" {faire défault} a la libertad del prójimo? Esta es, diría, la cuestión misma del análisis, del analista.

¿Hace falta, a propósito de esto, otra indicación bibliográfica? Se lee en un texto que precede en varios años a ese 30 de noviembre de 1960 al que me refiero aquí, o sea en «Función y campo de la palabra y del lenguaje» (Écrits, p. 251) :

Es el mismo [el ingenuo] quien, no dudando en abogar por un análisis "causalista" que apuntaría a transformar al sujeto en su presente por las explicaciones sabias de su pasado, traiciona bastante hasta en su tono la angustia que quiere ahorrarse de tener que pensar que la libertad de su paciente esté suspendida a la de su intervención [yo subrayo].

Esta cuestión ha sido enmascarada por la del llamado "deseo del analista", a la cual no se sustituye. He aquí hoy este deseo pasablemente gastado, de tantas burlas que se han hecho con él. Si toman dicho deseo articulado con el "deseo del Otro", se las ven con la misma configuración formal que la que acabo de indicar: del mismo modo que mi libertad consiste en ir al encuentro de la del prójimo, así mi deseo se presumiría que se articula con el deseo del Otro. Por eso, este "deseo del Otro" permanece ampliamente opaco (especialmente porque el Otro es, en Lacan, un término tan cargado que allí nos perdemos - lo que fue quizá uno de los motivos de su éxito). Hablar de él, es evocar a este Otro que encontramos bajo la pluma de muchos autores independientemente de Lacan (Pasolini escribe "Otro" en 1947); y quizá, a veces también, invocarlo - nada más, o nada menos si esto, como parece, es de entrada demasiado- equivale a darle demasiada existencia. Inversamente, reglar su acción sobre la libertad del prójimo, apuntar en esta acción a la libertad del prójimo, aparece mil veces más claro en una conjetura dada, y por lo tanto más operatoria. El analista puede, reglando su acción sobre la libertad del analizante, determinar lo que debe ser esta acción en las numerosas decisiones que es llevado a tomar a lo largo de un análisis.

Sólo una indicación (pues no se puede dar "ejemplos" por la razón que eso equivaldría a producir viñetas clínicas). Comenzar un análisis sobre la base de un contrato, el "contrato analítico" como se denomina en ciertos lugares, ¿es ir al encuentro de la libertad del analizante? No se podría excluirlo absolutamente. No es menos cierto que, a menudo, esto facilita aparentemente la vida del analista quien, en nombre del respeto de ese contrato (he aquí nuevamente el respeto), no tendrá que decidir ese día si tal sesión no tomada debe cubrirse o no: ella lo será... puesto que el contrato lo dice. Pero justamente, esta facilidad misma señala que el analista ha renunciado a su libertad, y no solamente para ir al encuentro de la libertad del analizante, estos dos renunciamientos, -se lo habrá comprendido- no hacen más que uno.

No sé si el film iraní A propósito de Elly, realizado por A. Farahami, se presenta actualmente en Argentina, y si algunos de ustedes han podido verlo. En ese film, el novio de Elly (nada que ver con el Eli de los judíos, salvo la homofonía), advertido de su muerte, vuelve al lugar donde ella se ahogó. Unos amigos de Elly, que él no conocía, son quienes allí lo esperan, no sin temor -por otra parte- pues él sólo podría estar molesto por esa escapada que ellos propusieron a Elly sin que él sepa nada de la misma y, lo que es más, que tenía por finalidad presentarle otro hombre. Él llega a esos lugares. Ellos, percibiéndolo no demasiado colérico, intentan manifestarle alguna compasión. Uno de ellos le pone una mano sobre el hombro. Él rechaza ese gesto y les dice que quiere estar solo. ¿Qué hacen ellos entonces? No insisten, lo dejan alejarse solo. Dándose cuenta de que su compasión es mal recibida, reglando sobre esta constatación su actitud respecto de él, ellos no descuidan su libertad, van al encuentro de su libertad absteniéndose de retenerlo entre ellos.

Vean. Esto no es más que un pequeño flash. Muestra que ir al encuentro de la libertad del prójimo no concierne solamente al analista. Particularmente con los niños esta regla se comprueba singularmente operatoria. Ella es, ahí también, un criterio para la acción. Otro flash: Pasolini está en el jardín de infantes, conducido por religiosas. Ellas proponen a los niños cavar un agujero, asegurándoles que allí descubrirán un tesoro. Varios días seguidos, Pasolini cava, cava, cava. Y luego... nada. Decide dejar el lugar, no volver nunca más. Reglándose sobre su decisión, su medio familiar tuvo en cuenta su libertad de niño, él mismo se mostró libre respecto de esta libertad (lo que no perjudicó en nada los estudios que debían demostrarse brillantes). Thomas Bernhard narra una experiencia idéntica en Gel, salvo que él era sensiblemente mayor.

Este criterio, me esfuerzo en hacerlo mío al hablarles. Pero también al leer a Lacan. En esta lectura voy al encuentro de su libertad, de una libertad que a la vez y como cualquiera él ponía en obra y se rehusaba.

Una escuela lacaniana reúne a los que ejercen su libertad respecto de Lacan. No por cierto que ellos pongan en obra una misma libertad respecto de él, ¿cómo sería esto solamente posible? Pero no descuidan que, sin su libertad, no hay muy simplemente alumno (se habrá leído el equívoco).

Traducción:
Claudia Bilotta
Ricardo E. Rodríguez Ponte

 

 

 

Trackback-URL para este artículo


Trackbacks / pingbacks: 0

Escribir comentario

0 Comentarios

  • loading
Boletín de noticias

BOLETÍN DE NOTICIAS, REGISTRESE Y CONFIRME SU REGISTRO, Y RECIBIRÁ NOVEDADES E INVITACIONES A EVENTOS!

Novedades!

école lacanienne de psychanalyse

école lacanienne de psychanalyse

JORNADA

en la ciudad de Buenos Aires

LOS PEQUEÑOS MATEMAS DE LACAN


Hugo Gordó: A propósito de la publicación del libro de Jean Louis Sous: “Los pequeños matemas de Lacan”

 

Jean Louis Sous: “El psicoanálisis... ¿una práctica sin valor?”

 

Graciela Graham.: “Entre matema y poesía”

 

Alberto Sladogna: “Los pequeños matemas ¿transmisión sin erótica?”

 

Jorge Baños Orellana: "La pequeña ilusión de la legibilidad"

 

 

 

Participan: Graciela Brescia, Zulema Fernández, María Teresa López, Juan Carlos Piegari. 

 

Convocan: Ediciones Lecol y Revista Opacidades de la elp.

 

 

                                     Hotel Atlas Tower

                            AVENIDA CORRIENTES 1778

                                          De 10hs a 17hs

 

arancel: 100 pesos

 

 

 

 

 Les presentamos este video, a continuación podrá leer la nota que a próposito del mismo escribió  Rosamaría Daffunchio

 

¡¡Adelante!

YouTube-Video

Red de atención psicoanálitica del sabor del saber del psicoanálisis

noticias boletín

 Lo invitamos a inscribirse en el boletín del sabor del saber, para poder recibir las últimas actualizaciones, novedades sobre actividades, y textos inéditos.

Adelante!! 

claudia weiner claudia.weiner

claudia.weiner

Televisión y psicoanalisis, canal online

Alberto Sladogna en televsión

 Escucharte, colectivo de analistas, ya tiene su canal de televisión.

Los martes de 23 a 24 hs, (horario del hemisferio Sur)  y 20 a 21 (h. Norte) un canal de televisión online interactivo para hablar de todo. Ud podrá escuchar, ver, y participar de las exposiciones temáticas

Sólo debe hacer clik sobre la imagen en el horario indicado.

La suscripción del boletín te permite accder al area de descargas "Producción para descargar"  en la barra superior de herraminetas, además de recibir información sobre el sitio periódicamente. Paras suscribirte sólo debes escribir tu dirección de e- mail.

Hey!!

Novedades

 

 

 

 

Estas son algunas imágenes del llamado arte preformativo, los invitamos a recorrerlas

¿Qué hacen estas imágenes?

Sugerimos algunas cuestiones a seguir explorando:

¿Presentan o representan?

¿A qué llamamos público?

¿Cómo se articulan realidad y ficción?

 

 

 

 

 

Suscribirse a CiudadSevaCultural

Patrocinado por es.groups.yahoo.com

Haz clic para unirte a CiudadSevaCultural

Haz clic para unirte a CiudadSevaCultural

Búsqueda personalizada