Si el conflicto es central a la cosa pública otro tanto ocurre con la vida subjetiva del espíritu; tal vez se encuentra ahí el pasaje que establece una continuidad, no exenta de torsiones, entre
lo público y lo privado y que hace que estos dos ámbitos no puedan ser separados el uno del otro, a la manera de dos toros que están anudados.
Es ahí donde la tragedia y la comedia están presentes tanto en la vida pública como en las vicisitudes cotidianas de la subjetividad y en el discurso que se despliega en un psicoanálisis. La
experiencia trágica de que hay fuerzas que los humanos no controlamos, que nos exceden, no sólo está presente en la política sino que constituye en buena medida la "materia prima" de un análisis.
Pero en este punto Eduardo Rinesi nos proporciona una indicación que tiene toda su pertinencia para el psicoanálisis: el poder de esas fuerzas que marcan el destino de alguien o incluso de una
sociedad no lo puede todo, es poder-no-todo. Si la existencia humana es precaria esa misma precariedad abre la posibilidad de construir un destino diferente aprovechando los agujeros y los
pliegues de esas fuerzas poderosas. Una enseñanza que la topología de un análisis permite extraer: ¿cuántas sesiones de psicoanálisis no terminan sancionando con una risa lo que el relato inicial
presentaba como tragedia.