mié
03
mar
2010
Fazio escribe “cuando el escándalo, que obnubila el juicio, ha, de hecho desaparecido de la escena pública...por lo que el problema central puede ser visto –es decir abordado-...gracias a la ausencia del alboroto mediático”. El escándalo y el alboroto de los medios se unen con la “opinión pública”: una pareja organizada por el goce de la desgracia ajena. Los medios y la opinión pública afectan al lazo social con sus formas intangibles: son una parte de la mano invisible del mercado, su grandeza es su miseria[1].
En el nombre del padre… trata varios aspectos de esa temática, y en este ensayo abordaré un aspecto para atraer la atención de otros psicoanalistas sobre él: el pasaje del sexo y del erotismo al territorio jurídico, en particular, el derecho penal y sus efectos. Entiendo que esos terrenos afectan la clínica y la doctrina de nuestra practica que requiere tomar nota de cambios que están produciéndose en el horizonte de la subjetividad actual.
El libro al tratar de la religión y de los creyentes dibuja su marco: el amor religioso, una práctica ya milenaria. Practica vital y mortal a la vez, no es lo uno sin lo otro[2]. En la Iglesia Católica, los miembros de sus comunidades eclesiásticas ponen en juego esa práctica para sostener la creencia, la creencia es resultado de un estado de enamoramiento. Baste con subrayar que Padre y cuerpo de la Madre no son sólo metáforas del amor místico. El amor religioso o de otro carácter es dos cosas al mismo tiempo: “Todo en amor es triste, más triste y todo es lo mejor que existe”, para vivir contamos con “Que el amor es todo, es todo lo que sabemos del amor”. El lazo del amor permite hacer frente al infierno constituido por la vida terrena, a condición de pagar un precio por ello.
Se requiere no excluir el rasgo singular del amor para estudiar la práctica “pedofilia”, “paidofilia”, “pederastia”, actividades “denunciadas” a partir de los testimonios de algunos de sus protagonistas, las “víctimas” reunidos en el libro. Entrecomillamos el termino “víctimas” por su carácter problemático, y no dejamos de indicar que ellos, quienes testimonian, en efecto han sufrido y sufren por la experiencia que les toco vivir. Evitar el amor allí hipotecaría cualquier estudio analítico. Incluirlo es solo reconocer su acción, se trata sólo de analizar. Luego, la cultura resolverá qué hace frente a esos actos y qué lugar le da a los resultados de un análisis. Veremos como algunos avatares del amor no sólo en la pederastería sino del amor de transferencia son trastocados por su inclusión en los marcos jurídico-penales[3].
La depredación del amor
El subtitulo del libro contiene el término “depredadores”. Etimológicamente contiene el sesgo de robo, aunada a su relación con el predio, incluyendo el goce del mismo. En la actualidad su empleo es frecuente en textos y programas destinados a divulgar la vida animal, en particular, de la caza. El arte del venadeo tiene una estructura singular: el depredador atraído por su presa no puede dejar de hacer otra cosa más que perseguirla, y en ese movimiento, es atrapado por ella. Como lo revela la pintura del Renacimiento Italiano en sus alegorías de la rana y el alacrán, así como los cuadros donde Cupido esta dotado de un arco y flechas, al flechar hiere y permite a un amor sustraer un fragmento al goce, y así condescender al deseo[4].
Aquellos que viven su vida sexual bajo el régimen de la pederastería no logran no someterse al atractivo ejercido sobre ellos por los púberes que adquieren así un valor de objetos eróticos. Conviene subrayar, sólo estudiamos los casos de púberes o prepúberes testimoniados por este texto, seguimos así el caso por caso del método psicoanalítico. El atractivo sobre el pederasta no necesariamente estará al alcance del saber no sabido del portador de ese atractivo. Así las niñas o niños, como cualquier otro ser humano, pueden portar un objeto erótico que atrae a otro humano. ¿Qué les ocurre a los infantes cuando la “victimización” les expropia la condición de posibilidad para hacer frente a esa situación? Esa condición está dada que ellos, como cualquiera son portadores de un atractivo. Estos eventos se distinguen con claridad de la violación, en ella no se trata de una erótica compartible sino de un sexo obligado por el uso de la fuerza física[5]. Esta situación singular es subrayada por Michael Foucault, a quien no se puede acusar de practicar alguna forma de pastoral laica o religiosa de las almas. Él propone durante un diálogo a sus interlocutores un tema que lo interroga:
Hay actualmente en Francia una Comisión de Reforma del Derecho Penal…Sorprendentemente, decidieron telefonearme. Y me dijeron: estamos estudiando el capítulo de la legislación sobre la sexualidad
Foucault revela un cambio de posición, él acepta las preguntas que le envían, no sólo se queda en la posición”que ha sido, por otra parte, la mía durante largo tiempo y que ya no suscribo, que consiste en decir: para nosotros, nuestro problema es denunciar y criticar; que se despabilen con su legislación y sus reformas. No me parece una actitud justa.” Entonces con ese cambio de posición aborda el tema de las preguntas que le enviaron:
En todo a lo que con cierne a la legislación sobre filmes, libros, etc.,…no hay problema. Creo que se puede afirmar que la sexualidad no pide ningún tipo de legislación, sea cual sea. Bien. Pero hay dos dominios que son problemáticos para mí. El de la violación. Y el de los niños.
David Cooper participé del diálogo, narra en ese momento el caso de la acusación contra Roman Polanski, en EEUU. El cineasta tuvo un encuentro fragoroso con una joven de 13 años, donde se practicó el sexo anal, vaginal, oral. La niña salió sin dejar de saborear un aire grato de esa experiencia, y luego la narró por teléfono a una amiga. La llamada fue escuchada por su hermana quien se la relata luego a la madre y de ahí a los tribunales ¿Qué se suprimió en ese camino? Tras escuchar esto Foucault agrega:
Por lo visto consintió…Al contrario, el problema se plantea tanto para los niños como para la niñas cuando se trata de seducción, el problema del niño seducido. O que se trata de seducir ¿es posible pedirle a un legislador que diga: con un niño que consiente, con un niño que no rechaza, se pueden tener no importa qué forma de relaciones, esto no atañe para nada a la ley?
Luego en tono condicional sostiene:
Me atrevería a decir: desde el momento en que el niño no rechaza, no hay ninguna razón para castigar nada [6]
Carlos Fazio no denuncia nada, tampoco ataca a tal o cual institución: su género es el testimonio, de ahí el tesoro documental a nuestra disposición sobre un tema a interrogar: el erotismo en la Iglesia bajo su forma de actos sexuales donde participan niños o púberes bajo la “conducción” de un adulto. La obra tiene una sólida estructura basada en documentos e incluye testimonios de quienes “vivieron” los hechos. Testimonios ¿de qué? Entre otras cosas de un hecho: vivir en un mundo desencantado, como subrayó Max Weber. Se trata de la eliminación de la magia en tanto que técnica de salud. Mundo cuyo desencanto, en el caso que estudiamos incluye el terreno de la erótica sexual. Un desencanto producido en sociedades laicas compuestas por una masa de creyentes; creyentes para los cuales, el quehacer cotidiano, les indica la desaparición del lazo religioso como hecho público. El cristianismo sería la religión de la salida de la religión[7]. La creencia es un hecho cada vez más privado de público, los encantos de este mundo como señalo Sigmund Freud (1929) comenzaron a perder su eficacia; la vía de la ciencia le da al humano el acceso a las potencias reservadas con anterioridad a los dioses. La Iglesia Católica argumenta en México contra “la pastilla del día después” con elementos que califica de científicos, relegando la teología.
La muerte de Dios no es sólo en el sentido filosófico lanzado por Nietzsche –Cf.; La gaya ciencia-, hoy la muerte de Dios es hecho de la vida diaria, estamos ante un duelo cotidiano por su muerte, duelo que la humanidad realiza a regañadientes. Llevar a cabo ese duelo y su entierro no es proponer ninguna forma de ateísmo, es quizás el último y necesario acto de reverencia y respeto a quien, en el pasado nos dio tanto de lo bueno y de lo malo. Ese duelo implica consecuencias para la vida sexual, erótica, reproductiva: inhibiciones, síntomas y angustias. Incluso una angustia de nuevo tipo pues el creyente ya no cuenta con la protección que la culpa otorgaba cuando uno estaba en falta con Dios[8].
Las consecuencias impactan en las condiciones ya de por si singulares y difíciles que cada ser humano tendrá que experimentar ante la vida sexual, erótica, como lo documenta el texto. Señalemos, el encuentro de cada humano, con la vida sexual y erótica, se produce en un “mal” lugar, y eso se produce para todos y cada uno desde la infancia hasta la adultez: cada uno es descendiente de una madre, a la vez mujer y un padre, a la vez hombre. Las “denuncias” sobre las prácticas sexuales en el seno de la familia más allá de su validez o no, corroboran lo que el psicoanálisis estudio como parte de los complejos familiares[9]. La sexualidad se transmite gracias y desgracias del complejo albergado en la estructura de la familia.
El sexo del código penal
Carlos Fazio subraya con insistencia ciertos términos: abuso; pedofilia criminal; abusadores criminales/seriales; delitos sexuales; masturbación, traumas “psíquicos” o “psicológicos”. Estos componentes son hoy reunidos en las diversas legislaciones penales modernas.
A partir de los años noventas a consecuencia de los movimientos feministas, y paradójicamente de sectores conservadores opuestos al mismo, en las instancias jurídicas se produjo un cambio frente a la sexualidad y los delitos “asociados” con ella: se criminaliza la sexualidad. Ciertas políticas “feministas” y de “género” alientan aquello que tratan de combatir[10]. Durante los años de 1970 y 1980 se pasó del terreno de las “ofensas a la moral” o “a las costumbres” al “régimen del sexo”. Su antecedente proviene de algunos otros cambios: reconocimiento de la igualdad entre hijos naturales y legítimos; salida del adulterio de la legislación penal; avances en la despenalización parcial o total del aborto; el concubinato dejo de ser ilegítimo, en la década de los años setenta se avanzo en estos terrenos. Estos cambios ordenados en nombre del bien suelen ser refractarios a su estudio. El sexo jurídico acompaña el paso dado en la reproducción gracias a la ciencia: la separación parcial o total de la procreación de la vida sexual. Marcela Iacub, jurista, señala ahí el inicio de la desexualización del matrimonio, ella escribió: Le crime était presque sexuel (Epel, Paris, 2002).
Separada la sexualidad de la procreación, el sexo pasó al orden penal en el momento donde se proclama una avance ilimitado de la libertad sexual, se decreta incluso, sin demasiado pudor, la existencia de Los derechos sexuales, decretando de antemano quién los tiene, quién no, quién los puede ejercer, cómo se deben ejercer, a quiénes les deben ser dosificados pues fueron declarados “incapaces”, “débiles”, o directamente “imbéciles”; esos derechos reparten, no sin cierta inocente alegría, el estatuto de “ser incapaces”, verbg.: los niños, las mujeres; los débiles mentales son declarados indefensos y por consecuencia “deben ser protegidos”, pese a su deseo en contrario. Así se condenó a un “normal” por haber mantenido una relación sexual con una “débil mental”, en ese momento se encierra a los considerados “débiles mentales” al gueto de la semejanza, sólo pueden tener sexo entre iguales. Esta práctica y tratamiento dado al sexo proviene del tratamiento cartesiano dado a los alienados:
Legislar sobre los locos, para los locos ¿no es acaso lo peor? Muy rápido una impresión les queda a ustedes que, en el fondo, de cierta forma, se terminará actuando contra ellos. Pues toda protección de los alienados -o incapaz; o indefenso- , por si sola los supone a ellos extranjeros, extraños al universo razonable. Jean Carbonnier (Les majeurs protégés, Massip, I, Defrenois, 1994.)
La novedad se produjo a partir de una nueva figura criminal: la violación en el matrimonio (1980). Desde ese cambio las penas para los acusados de delitos sexuales suelen ser, en muchos países, más severas que, p. e., las aplicadas los asesinos seriales. El libro de Carlos Fazio muestra el empleo de frases tales como “abusadores seriales”. La frase compara elementos que no tienen un sólo punto de comparación. Mientras los “asesinos seriales” matan para mostrarse y hablar ante el público, hablan y escriben hasta por los codos, contando con el beneplácito de la opinión publica; los “pederastas” suelen callar y la misma sociedad que los condena tendría severas dificultades para escuchar lo que tengan para decir. Una vez lanzada la acusación la taza de suicidios entre ellos es más que elevada. Quienes viven esa experiencia como “víctimas” suelen pueden hablar si respetan un patrón pre-establecido por el orden moral y jurídico, como lo subraya la experiencia vivida por el cineasta Polanski y la niña con quien vivió esa situación. Estos acontecimientos han sido llevados al cine por un documental Retrato de la familia Friedman, filme realizado por dos hijos de un pederasta que se suicidio, uno de esos hijos es, hoy, el principal y más famosos animador fiestas infantiles de la ciudad de New York.
Los delitos sexuales contienen un sistema de doble pena, a las condenas de cárcel, se le añade una pena más, o un plus de pena, de carácter invisible y peor que la detención: tratamientos médicos-psiquiátricos- psicológicos de por vida o casi. Estos “tratamientos psíquicos” se incrementaron a partir del fracaso de las “castraciones quirúrgicas” -aceptadas o solicitadas por los acusados; la ablación química fue dejada de lado luego de un pasaje al acto en que resultó asesinada la “víctima” a la que se suponía “protegida” con esa medida médica. La “víctima” resultó afectada por esa misma condición.
Los elementos psiquiátricos, psicológicos e incluso, a veces, también psicoanalíticos colaboran en un proceso que conduce a una paradoja, que sería cómica sino produjera efectos trágicos entre los afectados: debido a la “teoría traumática” tan manipulada, traída, llevada y soplada a los oídos de las “víctimas” se provoca una consecuencia fatal para estas últimas. Veamos: Los “perpetradores sexuales” fueron tales, según se dice, a consecuencia abusos sufridos en su infancia, ergo, las “víctimas” serán consideradas “perpetradores potenciales” pues como ellos vivieron esas experiencias pueden llegar a repetirlas. La teoría traumática concierne al psicoanálisis, Freud permaneció fiel a ella, al igual que Melanie Klein, Anna Freud y Jacques Lacan. Aclaremos el trauma esta dado por la reiteración del goce vivido sin saberlo en una situación previa, luego aprés-coup, ese goce emerge en una escena posterior, ese es el trauma, no es la reiteración de la escena, ni sólo el pasaje del lugar pasivo al activo.
En los testimonios documentados por Fazio se demuestra que esa teoría es, por lo menos incorrecta, pues no ocurrió ni les ocurrió ni es la práctica de ninguna de las “víctimas de la depredación” del padre Marcial Maciel. No se duda que quizás, algunos de ellos, pueden estar atormentados a consecuencia de estas teorías “psicológicas” o por el temor de transmitir esa práctica a sus descendientes. Esa consecuencia iatrogénica proviene de los profesionales de lo “psíquico” puestos al servicio del campo jurídico-estatal. Añadimos, en muchas circunstancias, los interrogatorios penales, así como los de los psiquiatras, de los psicoterapeutas y también de algunos psicoanalistas soplan a la “víctima” su condición de tal –las preguntas inducen las respuestas-, y también le dibujan de entrada tener un “trauma” por el que fueron afectadas y no se dieron cuenta, pero eso sí, el “especialista[11]” lo ve y se lo comunica.
El libro subraya la acción de una práctica sexual, erótica: la masturbación. Esa práctica estaría en el núcleo de los abusos que se denuncian. Convendría detenerse en que el supuesto carácter traumático no proviene de ella, diversos estudios han demostrado que el único trauma que ella producía era consecuencia de las teorías delirantes sostenidas por la medicina y los médicos higienistas de fines del siglo XVII hasta comienzos del XX. Sólo cuando fue objeto de estudios e investigaciones críticas un texto de sabiduría delirante titulado Onania –primer edición en 1715,la segunda en1716, la tercera en1717 y una cuarta en 1718, en 1778 ya se acercaba a su vigésima segunda edición, su autor es anónimo, solo en ese momento se revelo su fraude. Subrayo, el texto omitía, en su interpretación de la Biblia del pecado de Onán, omitía que ese relato bíblico prescribía normas respecto de la genealogía y la reproducción, no afectaba a la práctica en si, de verter fuera de mujer el semen. Amén de que la Biblia revela que él que se masturba no tiene una práctica “auto” sino que es hetero erótica.
El pecado, el vicio y la autodestrucción debida a la masturbación, Onanía los hizo presentes por vez primera. El mundo comienza a ser azotado por una epidemia que para algunos cobraba más víctimas que las guerras y desataba consecuencias terribles para las próximas generaciones afectadas por la degeneración. (Jean Stengers, Anne Van Neck, Histoire d’une grande peur, la masturbation, Agora, Paris, 1998)
La penalización de las prácticas sexuales arroja como consecuencia la extensión del terreno de la violación y de la noción flotante de “abuso sexual” reservadas sólo en una época a la violencia física para producir una penetración vaginal o anal, ahora se la extendió a todo el cuerpo, hasta llegar a producir una aberración penal: castigar los “móviles” y no sólo las “intenciones”. Las intenciones en derecho penal están bien establecidas, de manera de reducir en la mayor medida posible la interpretación, el móvil se mueve, es muy elástico, comprende elementos psicológicos que deben interpretarse. Todo podría caer dentro de esa acusación en función de lo arbitrario de introducir una norma penal que requiere de interpretar los “motivos”, verbg.: caso del presidente de la comisión de arbitraje del fútbol en México, acusado de “acoso sexual” al sacar a bailar a una secretaria y hacerle determinadas proposiciones.
Contamos en la actualidad con un Estado laico que reintroduce desde la esfera del poder jurídico, un nuevo crimen o forma de crimen de conciencia, donde se pueden llegar a penar el pensamiento y los deseos como los demuestra el caso reciente en Mérida, Yucatán, de un pescador encarcelado pues el Ministerio Público localizo sus nefastos motivos en las cartas de amor que dirigió a una mujer de su pueblo o el caso de un entrenador de clavados y su entrenada que intenta ser obligada a aceptar su lugar de víctima por el Estado y su madre o la maestra de los EEUU que paso siete años en la cárcel por haber mantenido relaciones sexuales con su alumno menor de edad y concebir dos hijos. Aquí los medios se comportan como los nuevos alentadores de la justicia por propia mano. ¿Quién es el depredador en estos casos? ¿Cómo afectan estos avances a la práctica del psicoanálisis? Señalo sólo un lugar: su sombra cae sobre el amor de transferencia.
Con el poder atribuido al estado y al derecho penal en el área de la sexualidad y el erotismo, quizás sin saberlo dejamos más desamparadas que antes a quienes sufren ante esas experiencias, por ejemplo, condenarlos de por vida a no dejar su lugar de víctimas, y por el otro colaboramos sin saberlo en el establecimiento de un Estado de protección psicológica o psíquica cuyo modelo esta desplegado en la novela de Stanley Kubrick : La naranja mecánica, donde un “depredador“, luego de ser sometido a los “tratamientos” de electroshock y otros, termina integrándose a la fuerza policíaca, quizás encargada de cometer o prevenir esos mismos crímenes. Es decir, corremos el peligro justamente de volver a olvidar a quienes sufrieron y sufren a consecuencia de esas experiencias. Las “víctimas” suelen ser olvidadas por sus protectores, el estado de “víctima” comparta en no pocos casos hipotecar a favor del “victimario” su vida erótica y sexual. La pregunta analítica es ¿cómo sostener un deseo a pesar del supuesto poder absoluto del Otro?
Si esto parece lejano Carlos Fazio, en la página 260, entre otras, nos da a leer un testimonio que conviene retener por sus consecuencias:
El obispo de Aguascalientes, Ramón Gódinez, definió, a los curas predadores como “degenerados que no han crecido en su madurez…que se han desviado. Godínez explicó en que consistían las sanciones a los sacerdotes degenerados:”Una semana de ejercicios espirituales, donde se incluya una terapia psicológica, sin dejar de considerar una fuerte sanción que puede llegar hasta el retiro del ministerio”…Pilar Sánchez, integrante de…Católicas por el derecho a Decidir, dijo que no se puede asegurar que haya sacerdotes “curados”, dado que los desordenes sexuales “requieren de un tratamiento permanente y no sólo de dos o tres meses”… El grupo Democracia y Sexualidad opinó que dada la magnitud del problema “resulta insuficiente ‘vigilar’ y realizar ‘pruebas psicológicas’ a los sacerdotes pederastas”
Es insólita está coincidencia de personajes e instituciones con objetivos y propuestas tan distintas entre sí, ¿a qué se debe? quizás, sin saberlo, en ese punto operan como la “opinión pública”. A la “opinión pública” no le interesa para nada el que sus “opiniones” jueguen con las vidas presentes y futuras de los afectados, pues en última instancia se trata de “opiniones” puestas al servicio de la identificación narcisista con un estado de indefensión que esa opinión realiza.
En la página 256 anterior a la recién citada se recogen declaraciones de un alto dignatario del clero católico de México, el arzobispo de Guadalajara, Juan Sandoval Iñiguez:
El abuso de menores es un crimen sumamente grave, [que] empaña la belleza divina que se refleja en el rostro de los niños [y] mata su inocencia desde temprana edad…será castigado terriblemente por Cristo: “Cuidado con escandalizar a uno de estos pequeños, al que lo haga, más le valiera que le ataran una piedra de molino al cuello y lo arrojaran al marcos] (Marcos, 9: 42)
Así tenemos ante nosotros la pretensión de introducir la solución definitiva para un interrogante humano: la pena de muerte para los victimarios con un elemento peor aún, que esa pena arrastrará a las “víctimas” a sufrir el mismo destino, es sabida la alta tasa de suicidios entre los “victimarios”, es poco estudiada la tasa de suicidios involuntarios entre las “víctimas”. Debido al tratamiento que reciben las “víctimas” son conducidas a una sola forma de salir de ese sufrimiento, la muerte. La cita bíblica del Arzobispo Sandoval I., deja en claro algo, esa fue la estructura que gobernó, al menos en América del Sur durante las dictaduras militares recientes, los llamados “vuelos de la muerte”: los presos políticos eran transportaos en avión, se les ataba con piedras y luego se los arrojaba vivos en estadote sedación a las aguas del río o del mar. No será hora de estudiar, como propone Fazio y abrir las puertas para otras respuestas a esos interrogantes, respuestas que no son una solución pero que al menos no dejan a los participantes en el más cruel de los desamparos. El testimonio de quienes han sufrido a causa de sus experiencias con el sacerdote Marcial Maciel apunta, por un sesgo, al corazón de cierta plañidera psicoanalítica: “el nombre del padre”, “los nombres del padre”, “la metáfora paterna”, “el registro simbólico”; “la ley”. No es paradójico que a nombre de esos términos ellos han quedado en un estado desamparo que sólo los lleva a reiterar ante un singular padre, el Papa, un amparo. ¿Quizás convenga someter a análisis esos elementos de la doctrina para ver si hoy pueden o no orientar nuestra práctica o si la práctica misma los ha tornado en más de un sentido caducos ante lo nuevo?
Alberto Sladogna,
NOTA UD PUEDE SEGUIR ESTE DEBATE Y LEER UN REPORTAJE REALIZADO POR C. FAZIO A ALBERTO SLADOGNA EDICIONES ARTEFACTOS, LIBRERIA DIGITAL
[1] Miguel Wiñazki, La noticia deseada. Leyendas y fantasmas de la opinión pública, Marea Editorial, buenos Aires, 2004.
[2] En la obra de Freud el tema se reduce al amor sobre los padres; en Lacan conviene estudiar modalidades diversas que no siempre coinciden unas con otras, p.e., el amor como don –de origen noble-, el amor como un muro hasta al amor como insucess.
[3] Convendría tomar nota de la posición de Freud frente a los juicios penales contra psicoanalistas como Hermine von Hug-Hellmuth (1871-1924), primera psicoanalista de niños, el caso contra T. Reik, objeto de un artículo de Freud ¿Pueden los legos ejercer el psicoanálisis? (1926).
[4] Jacques Lacan, seminario oral, inédito, 1960/1961: Le transfert dans sa disparité subjective, sa pretendue situation, ses excursión techniques, en la sesión del 12/04/1961 estudía el cuadro de Zucchi, Psyche sorprende a Eros: la caza, la herida, el surgimiento de lo psíquico.
[5] En la clínica del psicoanálisis se distingue entre la imposición y la obligación, p.e., alguien no puede no analizarse, se le impone; el caso contrario es el de niños obligados a asistir a un análisis so pretexto de haber sido “víctimas” de un “abuso” sexual.
[6] Michel Foucault, Un diálogo sobre el poder y otras conversaciones, Alianza Editorial, H 4228, Madrid, 2004. Se trata de un encuentro publicado en la Change, 32-33, 1977, bajo el título de Encierro, psiquiatría, prisión, pp.130-131.
[7] Marcel Gauchet, Le désenchantement du monde. Une histoire politique de la religion, Editions Gallimard, Paris, 1985.
[8] Jean-Christophe Bailly, Adiós. Ensayo sobre la muerte de los dioses, Libros de artefacto, JGH Editores, México, 1998
[9] Jacques Lacan, Los complejos familiares, 1938 [editado en castellano bajo el título, La familia, Editorial Argonauta, Barcelona, 2da.edición 1979.Esta publicación fue previa al “re-descubrimiento” del texto por los psicoanalistas de lengua francesa]
[10] Marcela Iacub y Hervé Le Bras, publicaron “Homo mulierilupus?”, en Les Temps Modernes, número 623, févreir-mars-avril, 2003. El artículo analiza en forma crítica, quizás por primera vez, los métodos, y las consecuencias de los estudios destinados a demostrar la existencia de una violencia dirigida a las mujeres, ubicadas como víctimas.
[11] Luego de que Adolf Eichmann se declarará “especialista”, ¿será posible que ese término aparezca en medios del psicoanálisis sin pudor o recato alguno?
Estimado Sladogna, sólo apuntaré algunas notas sueltas...(muy sueltas):
-Los DDHH se han sacralizado desde la crisis capitalista de los años 70, y aunque los operadores jurídicos se vieron en la necesidad de ponerlos por encima de reivindicaciones revolucionarias, debido
a los crueles niveles de opresión en las dictaduras de la época ( declaradas o no declaradas), la coincidencia entre la instauración del neoliberalismo y la atomización de las luchas sociales, dan
cuenta de una ideología neo-conservadora que los ha promovido.(he preferido defender humanos antes que derechos humanos, aunque para ello haya que usar las herramientas jurídicas)
-El discurso y la ideología liberal de los DDHH ha sido utilizado para violar los derechos de pueblos enteros.
-El tránsito de la lucha de clases a la lucha por Derechos -obligado por las violencia de las desregulaciones normativas-jurídicas: flexibilización laboral, minimización del Estado, etc- han,
paradójicamente, insuflado la violencia social del Derecho, como aparato de dominación. Nuestras sociedades se han visto dominadas por una suerte de moralismo-legal, pero a la vez las élites han
logrado generar un enamoramiento de la ley; van camino de convertir la ley en objeto de deseo. No en vano el abogado mexicano Jesús Antonio de la Torre Rangel, ha hablado de "el fetiche legal". En
Colombia, quizás uno de los países más legalistas de América ( leguleyo), frente al terror uribista, un candidato presidencial basó su programa de gobierno en más legalismo. "la legalidad
democrática" como contraparte a "la seguridad democrática", siendo la Ley instrumento de autorepresión; él lo explicaba así: "que alguien al violar una ley sienta en su conciencia como si le hubiera
pegado a la mamá". Su ideario Kantiano-postmoderno- Lancasteriano ,sedujo a más de tres millones de colombianos,- la mayoría jóvenes- logrando posicionarse después de Obama, como el líder político de
mayor crecimiento de seguidores en Facebook- a nivel mundial-. La legalidad sedujo a la población; cuando podría pensarse que en este país seduciría más un llamado a la transgresión de la
legalidad... Aparte de la legalidad, su
s propuestas eran totalmente uribistas,: militarismo, guerra, apoyo alas bases militares de EEUU en suelo colombiano, neoliberalismo y más neoliberalismo, etc. Lo más extraño es que no pocos
intelectuales "críticos" hicieron de sus columnas sedes de campaña del candidato, quien con un pseudo-partido ( ad-hoc)sin ideología definida - tendiendo a la derecha , en todo caso, y estigmatizando
a la izquierda- logró mostrarse como la alternativa al horror uribista, siendo continuista de su política. Incluso , algún psicoanalista le hizo campaña en varios espacios de internet, defendiendo su
"legalidad", auténtica imposición social de "crimentales". El candidato de la moral cultural legal es considerado como un rebelde; no todos saben que es un rebelde neo-conservador.
- En Colombia hace no mucho tiempo se profirió una sentencia de condena de cuatro años de prisión a un hombre por haberle tocado las nalgas a una mujer mientras caminaba por una calle cualquiera; el
toque duró un par de segundos. A paramilitares condenados por cruentas masacres le han aplicado penas mucho menores.
(continuación)
- A Michael Jackson (QEPD) se le ha condenado socialmente por abuso de menores, lo que no aclaran los medios es si el niño abusado no sería él mismo; tampoco se habla del abuso de los padres hacia
los menores supuestamente abusados por Jackson. ¿Someterlos a mediáticos y escandalosos procesos penales por el reclamo de millonaria indemnización no es abusar de ellos? bien que permitieron
estadías de sus niños en Neverland, el país de Peter Pan, el país de Michael. ¿no consintieron los padres ese viaje al País del Nunca Jamás?...
-Violación de menores es lo que hacía el padre festejado en la película "Festen" de Vintemberg.
- En un jardín infantil de un pueblo colombiano, regido por monjas, éstas (asesoradas por psicólogas y pedagogas) en una reunión de padres de familia, ante un presunto caso de abuso de un niño ,
recomendaron a todos los padres y madres no tener demostraciones de afecto muy cercanas a la piel de sus hijos porque eso constituía abuso sexual. Mientras tanto cientos de niños estaban engrosando
las filas de paramilitares o trabajando como esclavos para subsistir; estos niños simplemente eran marginados, no existían; el verdadero problema de la niñez del pueblo era que algunos papás besaban
a sus hijos e hijas.
- Según varias ongs gringas, dopar a los niños de una escuela ubicada en zona de conflicto armado, con Ritalín es proteger la infancia; no importa que la mayoría de los pre-"diagnosticados" con
"transtorno de hiperactividad" sean desplazados,hayan presenciado el homicidio de su familias,no tengan comida, vivienda digna etc: la solución está en adormecerlos. ¿no es esto una práctica
punitiva?
- Un amigo Psicólogo, además de sostener la crítica a la Psiquiatría como forma de dominación social y de poder político, define a los psiquiatras como "Jíbaros" (En colombia este término significa:
intermediario en el mercado de sustancias psicoactivas de los circuitos de venta del narcotráfico) sólo que éstos son jíbaros "legales". Yo le llamo a ello "narcotráfico legal". La mayoría de los
psiquiatras actualmente se limita a publicitar, prescribir - emitir órdenes de compra- de psicofármacos; los de mayor éxito comercial: la fluoxetina,la paroxetina y la ritalina. Si prescribieran
marihuana, los "degenerados mariGuaneros" ya no serían sujetos de reproche legal, sino cumplidores de la ley.
Siento mucho hacer este "collage" de notas, pero así se van. Ya quisiera leer el libro de Carlos Fazio.
Saludos.
