mié
12
may
2010
Mientras leía la entrevista realizada al poeta Juan Gelman[i],descubrí ciertas similitudes entre el acto de escribir y el acto de hablar,propio de un análisis.
Sin afán de comparar mi experiencia con la del poeta, pienso que uno puede dejar su país por varios motivos. El mío fue principalmente: el amor.
Irse, dejar un lugar siempre produce pérdidas, éstas se vuelven a sentir cada vez que uno recibe una noticia de casa, uno ya no está en ese lugar. Es verdad, como dice el Gelman "... afuera se es un forastero que no siempre es comprendido y que no siempre comprende."
Al llegar a México tuve la sensación extraña de que a pesar de ser un país de habla hispana, yo no entendía una sola palabra. Entre albures, olores ysabores inéditos, llegar a vivir a México es como zambullirse en un caldo de lenguaje diferente, en un mundo ajeno, en un lenguaje extranjero.
¿Qué sucede cuando la lengua, el lenguaje se vuelve no familiar? ¿Qué sucede cuando uno es extranjero en su propia lengua, en su propio idioma?
Pasado un tiempo y empapada de mexicanismos, me dieron ganas de hablar a mí y comencé mi análisis. Es curioso, el poeta comenta que la poesía le sirve de resistencia, sin embargo pienso que el acto de escribir así como el acto de hablar (en un análisis) produce un espacio para ser, para construir algo, y más que para resistir, para vivir una vida y no quedar como esclavos ante el mundo cada vez más mercantilizado.
El poeta dice "...nohay más remedio, la lengua es un lugar de muchas patrias". El aferramiento a la propia lengua se da en el análisis, cada uno habla de acuerdo al Otro que lo habita. Uno busca un psicoanálisis como espacio para que la propia lengua se perpetúe, quizás como un intento de que lo perdido y dejado suene de una manera diferente. Y sin querer, y por esa cosa loca que es un análisis, es justamente por medio de la lengua, del lenguaje, que vamos construyendo algo distinto, lejos de casa. Al igual que menciona el poeta, el estar en medio de lenguas ajenas, nos lleva a enfrentarnos y estar más cerca de la propia lengua, de las propias raíces.
Buena respuesta es la que da Gelman a su entrevistadora "El dolor no es necesariamente el motor de la poesía" no pudo ser más preciso, tanto en el acto de escribir así como en el acto de hablar, el motor no siempre es el dolor sin embargo en ese momento siempre está presente e ldeseo. El simple deseo de hablar a otro, de escribir para otros.
Y como una argentina que siente México como su hogar pienso, el poeta tiene mucha razón, la lengua se convierte en un lugar común para muchas patrias, para muchas lenguas.
Adriana Canteros
México, Mayo 2010
[i] http://impreso.milenio.com/node/8760862
No sé por qué es gracioso, placentero, oír hablar a alguien de manera diversa la propia lengua. Pienso que alguien que habla la lengua de un lugar pero que no es ahí donde la ha practicado toda su vida inaugura una forma de hablarla, pero a veces esa originalidad causa inhibición, cuando no se ha apreciado su valor. Así, se puede decir que en México podemos aprender el placer de hablar el español en argentino o en inglés, etc. Quizá de ahí provenga también el ingenio, lo divertido de la lengua de los niños; ellos nos sorprenden inaugurando formas de hablar, pues no se han comprometido tanto con la forma ortodoxa de hacerlo.
Adriana:
Agradezco que compartas tu experiencia-escritura…, particularmente porque mientras te leía, pensaba que precisamente escribir tiene la ventaja de borrar esas diferencias que refieres en el castellano
hablado desde distintos países, permitiendo ver que en realidad esa lengua es nuestra patria compartida. Un saludo cordial.
Estimados Roberto y María, antes que nada gracias por sus comentarios.
Pienso que Roberto tiene mucha razón, al decir que es placentero oir a alguien hablar una lengua diferente y que al practicarla inaugura algo nuevo, no sé por qué tus palabras Roberto me llevaron a
la práctica analitica. Como analistas o como analizantes escuchamos y hablamos, y eso es placentero.Pienso que todas las lenguas son diferentes, inclusive cambian de sesión a sesión.
Y como dice María al escribir-hablar las experiencias propias se borran las diferencias, se crea algo nuevo junto con otro (analista-lector) y eso es lo compartido.
Saludos!
Adriana.-
